Primero, a los humanistas los mueven valores y
principios diferentes y, muchas veces, antagónico a la personalidad egocéntrica
e individualista. La condición humanista tiene impregnado en su personalidad, los
valores colectivos como: la igualdad social, la justicia para todo y la distribución
más justa de los ingreso de una nación. Las virtudes más sobresalientes del
humanista es sentir empatía y solidarizar con otras personas y, tiene la
tendencia de ayudar al prójimo, se modera, se controla, mediante sus
principios, valores y vergüenza, obra con ética y honestidad. Estos valores son
inculcados por sus educadores o pueden ser heredados. En otras palabras, las
acciones exacerbadas de los instintos que posee cualquier individuo, son controladas
por las variables ya mencionadas.
Sin embargo, la virtud de la empatía es un
arma de dos filo, dado que el individuo humanista, al tener exceso de empatía,
puede pecar de ingenuo, entregándose así como un cordero a las perversidades
que tiene en mente un narcisista arrogante y egocéntrico. De tal ingenuidad se
aprovecha tal personalidad perversa. Un caso muy claro que podemos corroborar
mediante el dictador diabólico de
Turquía “Erdogan”, que se lleva muy bien con la banda integrada por Obama,
Angela Merkel y Cameron quienes fueron
los que los ayudaron a mantenerse en el poder por largos años. El primero que
cayó en la trampa del egocéntrico llamado Erdogan, fue el presidente de Rusia y,
en actualidad, este experimento diabólico Erdogan se rebela contra sus
creadores ya mencionado arriba.
Los individuos humanista, dado que son
personas solidarias, cuando están en el poder, tratan de ayudar al más débil y desamparado,
creando sistema de soporte social con los recursos limitados que la sociedad de
una nación producen. En principios, son personas rectas con pocas ambiciones, pero
esto puede cambiar, dado que las ambiciones siempre ronda por la mente humana.
La carencia de una ambición moderada también trae consecuencias al individuo
humanista que, algunas vez, llega al poder, porque el humanista no aspira a
metas desafiantes para cambiar el estatus quo de una sociedad, por ello que
cuando uno de ellos está en el poder no sabe liderar a los miembros de su
sociedad. Un líder humanista, muchas veces se crea enemigos, en lugar de
construir puentes para llegar a un acuerdo. Muchos humanistas, cuando están en
el poder, están convencido de que las personas emprendedoras son unos
egocéntricos, pero no es así. También el empresario anhela hacer negocios,
crear productos y que estos productos sean deseados por los demandantes, para
así sentirse bien satisfecho con el trabajo realizado. El líder que ve solo el
blanco y el negro, debe preguntarse si verdaderamente tiene la habilidad de
liderar a su empresa, nación u otra organización. Las personas tenemos distintas
personalidades y en consecuencia tenemos
también distintas habilidades y forma de hacer las cosas. El líder que
comprenda ese hecho tendrá que tener el don de gestión y organización para que
su nación se desarrolle. Por ello que mientras más homogénea sea una grupo, habrá
mas posibilidad de desarrollo, porque estos se dejaran liderar con más
facilidad. Y ¿Como se hace un poco más homogénea a los miembros de una sociedad
X? Pues impartiendo valores ad doc desde la niñez. Y ¿Quienes deben impartir
valores? Bueno, primero la familia, luego los educadores, los medios de
comunicación. El estado solo debe regular las conductas de sus miembros y no
intervenir en la educación que le otorga la familia. El estado puede contribuir
haciendo política pública, para que no hayan niños indeseados.
El humanista en lugar de emprender para crear
riqueza, éste se preocupa más por superarse mediante la educación. Como el
humanista valora más la educación, prefiere no acaparar recurso, si no éste nutre
su intelecto con informaciones que aporten a su sabiduría. En sociedad humanista
podemos encontrar muchos profesionales trabajando en un empleo que no es su
oficio. Ya que por la falta del espíritu emprendedor no habrá suficiente
empleos para las personas.
Dado que el humanista lleva marcado en sus genes el sentir vergüenza o temor y arrepentimiento en
situaciones deshonestas, se disculpa y reconoce los errores. La educación en
los colegios y en casa y, además su condición genética, le impide al humanista
a arriesgarse en situaciones comprometedoras y riesgosas. Es tipo de
personalidad es consecuente con lo que dice y hace, por esa razón, le cuesta
mentir y engañar a otras personas. Esta
personalidad se caracteriza por atributos como taxativos, franco y directo que
no es bien acogido por culturas donde se acostumbra engañar, mentir y
traicionar a personas ingenuas. En dichas culturas se dicen verdades a media, y
se decoran las informaciones negativas para proteger o no herir a ciertos
subgrupos que tienen poder y recursos o grupos que son discriminados.
Por otro lado, el humanista es conformista y
cómodo, no aspira mas allá de obtener el sustento para sobrevivir, es decir, es
reacio a emprender para dar un plus a su estándar de vida y al progreso de la
cultura que los acoge. De esa forma, deja la parte del emprendimiento y el
progreso a manos de la personalidad egocéntrica y avara, cuya ambición es la
fuerza motriz en su motivación. Por esa razón, la personalidad humanista no
tiene la capacidad de construir un balance sólido a ciertas externalidades
abusiva de la personalidad egocéntrica. Es más, los grupos humanista sociales
ven al emprendedor o empresario como enemigo de los remunerados. Sin embargo,
los que más reclaman en contra de la injusticia que crean los empresarios, no
se motivan montar un negocio y crear empleos para entrar a competir con los
empresarios maltratadores y abusivo. Si los humanistas sociales fueran también
buenos emprendedores crearían un balance en el mercado laboral. Ni siquiera
serían necesarios los sindicatos, ya que el dueño de la empresa regularía la
injusticia y el abuso que pudieran emerger de esa organización productiva. La
razón por la cual debe existir contrapeso para los poderes, es porque existe el
rasgo egoísta que aspira acaparar con los recursos y mantener la riqueza en
unas cuantas personas que gobierna una nación. Por ello que los humanistas por
ser tan condescendiente con la visión positiva del individuo, no tiene la
capacidad ni fortaleza de hacer política real. Pero sí que son bueno para hacer
política ficticia.
En el momento que el individuo con rasgo
humanista tenga la capacidad de hacer política real, entonces no verá al
emprendedor que crea trabaj, como un rival o enemigo, como lo hace el
presidente de Venezuela Nicolás Maduro. Yo pienso que el emprendedor necesita
un espacio para crear, pero también necesita una autoridad que lo controle, como
decía el mismo Adam Smith. Los gobiernos izquierdista, desean fijar leyes
estricta que regula a la relación trabajador y empresario, se olvida que el
trabajador, son personas normales y que no son santos, si los empleados no son
controlados, ellos van holgazanear y no producirán, esto es típico de la
condición humana. Por otra parte, los mismos trabajadores pueden emprender y
formar empresas para crear sus empleos, de esa manera, competirían con los
empresarios egocéntricos y abusadores, según la opinión de muchas personas con
ideología izquierdista. Al final,
nosotros mismos los humanistas haciendo política real, tenemos la solución para
que se terminen abusos y, que los recursos naturales sean repartido con más
equidad.
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